Crónica / Mariposas en medio de Singapur




Por Daniela González A. / Publicado en Revista Actual, Barranquilla / diciembre 2013

Una vez le pregunté a mi padre qué pasaría si hiciéramos el hoyo más profundo que pudiéramos. Estábamos cavando un agujero en la arena negra de una playa en Constitución y sonaba el mar de fondo. Me respondió que si hacíamos un túnel gigante, llegaríamos a China. Allá nos encontraríamos con un niño chino que también estaría cavando un hoyo en su playa. Le dije que lo hiciéramos, pero me dijo que no se podía por alguna razón que pude comprender a mis cinco o seis años. Tuve que tomar tres aviones y volar 30 horas en total para llegar al otro lado del mundo, 25 años después.

Al sur de India y China, baja como un racimo de uvas en el mapa la conjunción de once países que conforman el sudeste asiático. Paisajes maravillosos, calor y lluvias tropicales, templos declarados patrimonios de la humanidad y cientos de miles de motos atestando las calles, caracterizan ese otro lado del mundo para Latinoamérica. Países que son tan lindos como desordenados; muchos de ellos con más pobreza que los nuestros, pero donde hay una pequeña excepción: un punto de 43 km de ancho por 21 km de ancho, que se puede recorrer de punta a punta en media hora. Además de ser una de las cinco potencias financieras del mundo, Singapur es un oasis del orden, de la planificación y de las mariposas.

“This is not the real Asia”, suelen decir los singapurenses, que tienen el único aeropuerto -Changi Airport- en el mundo con un mariposario adentro. Un frondoso jardín cerrado de plantas y flores, ubicado en el terminal 3, que dentro de sus 330 metros cuadrados guarda cientos de plantas, flores y mariposas que vuelan y se posan en los brazos de los visitantes. Es un lujo asiático. Porque aquí estas criaturas de alas simétricamente coloridas, que suelen dejarse ver un par de segundos antes de volar hacia otro lado, descansan minutos y minutos en tremendas flores rojas. No hay esfuerzo de por medio para conseguir mirarlas.

El encargado de construir este mariposario fue Khaja Nazimuddeen, un horticultor singapurense de 47 años que llegó a Changi Airpot en 2006 para dirigir a otros 12 horticultores y crear este proyecto y otros jardines dentro del recinto. Diariamente, él y su equipo se encargan de la alimentación de las mariposas, cambiando y reponiendo cuidadosamente el néctar de las flores; mantienen a diario la vegetación del lugar, eliminando hojas amarillentas y regando las plantas; y reponen semanalmente las pupas –aquellos suaves envoltorios donde la mariposa se convierte en una adulta con alas– en un pequeño estante circular llamado “Recinto de aparición”. Ahí, diariamente abren la puerta y dejan volar a las mariposas que han roto el capullo. “Las mariposas son una de las más grandes maravillas de la naturaleza. Queríamos construir algo realmente especial, añadir vida al jardín y llevar alegría a nuestros pasajeros”, señala Khaja Nazimudden.

Tres mil personas visitan diariamente este jardín y pueden quedarse horas, si quieren, tratando de seguirle la pista a una de las 1.000 mariposas que hay dentro. Para entrar en el mariposario, debes traspasar una puerta de vidrio y luego una especie de cortina de tiras verdes que les impide escaparse. ¿Lo habrá logrado alguna de ellas alguna vez? ¿Qué podría encontrar esa mariposa rebelde que pudo sortear puertas y obstáculos, volar por un aeropuerto y dirigirse de flor en flor a la ciudad?

La ciudad en medio del jardín

Fuera del aeropuerto, ya en esta ciudad/país, una mariposa puede encontrarse con cientos de modernos edificios de diferentes formas y alturas. Uno, por ejemplo, es el Marina Bay Sands, un complejo de tres torres separadas, de 55 pisos, coronadas y unidas por una plataforma en la cima, que simula una especie de barco supersónico. Desde arriba se ve la bahía Marina, donde los otros cientos de edificios reflejan sus luces en la noche. El agua en medio de la ciudad y el calor húmedo que se siente en cada momento, recuerdan que esto no es puro concreto, que esta es una ciudad en medio de un jardín tropical, con al menos 15 puntos de jardines botánicos o parques en medio de la avenida más comercial de Singapur, donde se pueden ver más mariposas. Por eso, en Singapur ellas pueden encontrar una especie de paraíso.

Hoy en esta ciudad tienen su hogar cerca de 308 especies de mariposas, lo que para una isla tan pequeña es un gran número. Las mariposas están muy relacionadas con la vegetación, porque sus orugas se alimentan solo de ciertas plantas. Por lo tanto, si 308 especies de mariposas pueden sobrevivir en la isla, quiere decir que hay gran diversidad vegetal en el país. Eso me explica Khew Sin 

Khoon, que a sus 57 años dirige CGP Corporation, una empresa de 

Como me explica Khew, Singapur es conocida como “La ciudad en un jardín tropical”. “Parte de la visión del gobierno es tener generosas zonas verdes y también traer la biodiversidad de vuelta a la ciudad. La naturaleza no es solo acerca de las plantas, sino también acerca de la fauna –los pájaros, las mariposas, las abejas y así sucesivamente que comparten el mundo con nosotros. Quienes visitan Singapur pueden apreciar el esfuerzo que nuestro gobierno ha puesto a través de los años para garantizar que la ciudad sea ‘verde’”, asegura este hombre de origen malayo que desde los 10 años comenzó a recibir como regalo de su padre libros sobre mariposas. “Aunque tenemos poca tierra, muchos de nuestros proyectos tienen que respetar la naturaleza y tratar de restaurarla donde sea posible. Los jardines de mariposas son parte de los esfuerzos de los ciudadanos locales para dar vida a sus jardines. Muchas escuelas, edificios públicos, parques, han comenzado a hacer mariposarios para que más gente pueda disfrutar y aprender sobre estas hermosas criaturas”, comenta Khew.arquitectura muy grande en Singapur, de más de dos mil empleados. Khew dedica sus fines de semana a estudiar y fotografiar mariposas. Hace nueve años creó ButterflyCircle (www.butterflycircle.com), un sitio web que a la vez es una especie de club y que reúne a los amantes de

 las mariposas en Singapur con cerca de 50 miembros. No es el único grupo que existe. También está el Butterfly Interest Group de la Nature Society en Singapur. Este grupo creó The Butterfly Trail, una ruta de 4 km por el centro de la ciudad, donde en ciertos puntos se pueden avistar más de 50 especies. Se trata de una iniciativa ecológica sostenible para Singapur, que busca asegurar un equilibrio del paisaje urbano y la naturaleza.

Debilidad en fortaleza

Singapur es un país nuevo, marcado por cambios políticos y sociales. Durante el siglo XIX fue un puerto británico importante, hasta que fue invadido por Japón en la Segunda Guerra Mundial. Al finalizar la guerra, se unió a la Federación de Malasia, hasta que fue expulsado en 1965, donde se convirtió en una república independiente. En esa separación del país vecino, participó el famoso y venerado político Lee Kuan Yew, que transformó a Singapur de una colonia relativamente subdesarrollada y sin recursos a un país del primer mundo. Con un gobierno centralizado, un único partido político fuerte y una planificación espacial de primera línea, Singapur se convirtió en este oasis del sudeste asiático. Ese mismo espíritu de pasar de la debilidad a la fortaleza es el que se mantiene en instituciones y proyectos. Que haya un mariposario en el aeropuerto no es casualidad: el aeropuerto en Singapur no tiene vuelos domésticos o nacionales, porque es un país demasiado chico. Para incrementar el flujo e incentivar que los pasajeros eligieran pasar por Singapur, decidieron construir el aeropuerto más lindo y moderno de esta parte del mundo. Además de un mariposario, el lugar tiene tres terminales, tres salas de cine, un jardín de girasoles, videojuegos, cómodos ‘lounges’ y sillas de masajes para relajarse. Todo es para disfrutar gratis mientras se espera el vuelo.

“Yo realmente

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 admiro la belleza milagrosa de las mariposas”, afirma Jonathan Soong, un chico singapurense de 14 años, fotógrafo de mariposas, artista y destacadísimo miembro de ButterflyCircle. “Son criaturas tan frágiles, tan indefensas, que una sola tormenta puede matarlas; pero, a la vez, de una fortaleza inquebrantable: cada día luchan por sobrevivir y aparearse”.

Jonathan tenía 9 años cuando comenzó su blog www.nypsbluebottle.blogspot.com. Partió como un proyecto de la escuela. La familia de Jonny no era de quedarse en casa viendo televisión, salían a parques a disfrutar de la naturaleza. En 2009, recuerda, en una de esas salidas al parque vio una mariposa tigre y quedó fascinado. Luego supo del blog de Khew Sin Khoon y se unió al ButterflyCircle. El mismo Khew dice que Jonathan es un extraño y joven talento: “Su ojo para el detalle y su estética le dan una ventaja cuando se trata de fotografiar mariposas –sostiene–, y su trabajo está muy a la par con muchos de los fotógrafos más experimentados y mayores del grupo”. En muchísimos encuentros del ButterflyCircle, Jonathan llega acompañado de sus padres y su hermana, que lo apoyan incondicionalmente.

“Las mariposas lucen tantos colores. No es de extrañar que su belleza haya fascinado a la gente desde el comienzo de los tiempos”, afirma Jonny. “Además, son un recordatorio de que la supervivencia del más fuerte no es cierta. La supervivencia es de los más adaptables”.

Su frase me hace pensar en que Singapur ha llegado lejos de una manera parecida.

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